plasticidades

Brevedades intensas y fugaces de Alfonso Pedraza, "El Doc". Se solicitan y agredecen tallereos.

escribas en francesPara ver Los Escribas No 6

Demasiado tarde (de la serie Del Amor: Del amor XVII)

—Viera qué buena me ha salido la Juanita, casi nunca se enferma y con nuestros cinco chamacos, tan sanos y brincones como ella.

Esto me decía Lencho en una noche de lampareada buscando tlacuaches y liebres en el monte cercano del pueblo.

Mire esa luna, me decía, me recuerda a la Juana cuando era joven. Blanca, redondita y pícara la mocosa, se tapaba la cara con el rebozo  a lo mesmo que hacen las nubes cuando le tapan la luminosidad a ratos.

Ni un ojo brillaba entre las matas, sólo los grillos en su monótono chirriar y algún ladrido lejano  nos hacía notar el profundo silencio que imperaba.

Siguió su confidencia.

—Una noche de luna como esta jue que había ido a buscarla a su casita, una de sus hermanas que sale y me comenta: Lencho, la Juanita si jue con el Tomás, quesque la iba a llevar  a la capital, que ya tenía, y  trabajo seguro.  A lueguito sentí que se la llevaba a la mala pues siempre le había tenido  ganas a la chamaca, y ésta, tan ligera como sus pies. Así, que me apresuré y fui por el caballo para alcanzarlos, no juera que llegara demasiado tarde.

Su cara enrojeció al encender un nuevo cigarrillo y un ligero temblor en su voz me impidió preguntar lo obvio.

—Los encontré tiempo después, no me preguntes cuándo ni cómo jue que la traje, compadre. El caso es que ya con el tiempo comprendí que para un corazón sencillo y enamorado como era el mío, sea la hora que juera, nunca iba a ser demasiado tarde.

Un agradecimiento a la revista Somos Mass99 que la publicó en texto y voz.

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Desengaño

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Me citó muchas veces. Me llamaba con el brazo extendido, se ofrecía. Alabó mi figura y le creí. Enceguecido de emoción iba a su encuentro; él, me tentaba con algún roce fugaz antes de alejarse con altivez.

Ahora, rendido, entregado, descubro su intención real y corro hacia él con rabia, decidido a todo pese al estoque que brilla en su mano.

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El Michi de El Nuevo

Michi

 

Llegó un niño nuevo a la calle. Casi no habla ni tiene amigos, sólo yo. Viene con un gato blanco, muy flaco, con patitas negras.

—Mi gato es el más gato de todos los gatos — dice.

 —¿Por qué? —le pregunto.

—Porque Michi, que así se llama, no busca ratones, busca los tiempos que pierden las personas. Encuentra muchos ratos de mi madre junto a la televisión donde ve sus telenovelas y otros de papá en el sillón grande donde duerme en las tardes. Michi se los devuelve por la noche, en sus camas, para que los vuelvan a usar, pero ellos, los vuelven a perder en el mismo lugar todos los días.

* * * *

—Un día le pedí a Michi que buscara mis tiempos perdidos, —me dijo El Nuevo—, buscó en el escondite del closet, en el patio que tiene el hoyo de jugar canicas, en la mesa de la tarea y no encontró nada. Me enojé mucho con él y lo encerré en el baño. Ahí tampoco encontró nada. Por la noche soñé que me dijo “Los niños, juegan y duermen, nunca pierden el tiempo”.

* * * *

Cuando pasó navidad, El Nuevo y sus papás se fueron sin que me enterara. Por la mañana encontré a Michi en el patio de jugar canicas. Lo llevé a casa. Empezó a husmear por todos lados. De inmediato halló montones de tiempos de papá, de mamá y de Juanita la chacha, Me los trajo y los guardé detrás de la pileta. Eran tantos qué acomodar, que se hizo tarde. Mamá salió a buscarme y me dijo “Ven hacer la tarea, no pierdas tiempo”. Sonreí y no dije nada.

* * * *

Al paso de los meses los tiempos llenaron todo el patio, nadie los podía ver ni  tocar aunque pasaran entre ellos, solo el gato y yo. Los ratones pasaban entre ellos libres y contentos pues Michi no les hacía caso, sólo encontraba tiempos, todo el tiempo, muy a tiempo y no importaba como estuviera el tiempo.

* * * *

En la casa de enfrente vive Áurea, una niña güera muy bonita. A ella le gusta mi voz que ha engrosado. Yo la observo desde la ventana del comedor donde hago la tarea todas las tardes. Bajo esa ventana Michi encontró un gran tiempo mío, me lo entregó y de inmediato salió corriendo al patio. Cuando lo alcancé jugaba lanzando una pelotita gris de un lado a otro. Al acercarme, vi que en realidad era un ratoncito con el que jugaba. Lo lanzaba, saltaba sobre él… Así estuvo gran rato hasta que se lo comió.

Desde entonces Michi no ha vuelto a encontrar tiempos, pero sigue siendo el más gato entre los gatos.

©alfonsopedraza

Texto seleccionado para la Antología “ECOS DEL NIDO”Ecos-e1434149507687

Por Camelia Rosio Moreno y el Consejo Ciudadano de Arte y Cultura de Acámbaro.

México, Marzo – 2015

En Crítonis No 3 – LOCURA

Crítonis 4 de Locura

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En el suplemento Fin de Semana del 13 y 14 de Diciembre 2014.

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Clásico II

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Ante la mesa dispuesta para el romántico encuentro, Ella, toda elegancia y coquetería, tomaba a pequeños sorbos un mint julep. Al verla pasar las horas en espera del galán, el dueño del viejo hostal la veía con un dejo de ternura y compasión. Era su mejor cliente, por eso nunca se atrevería a recordarle a la fina anciana, que hace quince años su Ulises fue herido a media calle, y cautivo por la sirena de una ambulancia, nunca se supo más de él.

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Fidelidad

te-sigo-esperando

Llorando por mi partida, tristísima, exclamó:

—Te esperaré hasta el fin del mundo.

Ahora, después de tantos años, aguardo: un cataclismo, una guerra nuclear, algo para volver con ella.

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