Plasticidades

por plasticidades

Los Huranu viven en el confín del mundo. A diferencia de otros pueblos, no escriben; usan sus propios cuerpos para expresar emociones.

Los pechos desnudos de las mujeres muestran pequeños arañazos que las hacen más altivas y orgullosas de ser madres. Los pies de inquietos y apresurados jóvenes viajeros portan a menudo callosidades inmensas. La pasión: son líneas que la arena forma en sus espaldas en las cálidas noches de verano. Y, sin decir nada, quien deja escapar una gota desde sus ojos, te dice que se aleja y no volverá.

Así, cuando los Huranu ven un cuerpo inmaculado, lo expulsan, lo condenan a vivir en la soledad que incita la mentira.

©alfonsopedraza

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