Llido

por plasticidades

Llido es gris, tierno y tímido.

En los corrillos donde se conoce del hechizo, del defecto y el dolor de ser diferente, le dieron ese mote.

Es de noche. En el cielo, entre el rostro pletórico y redondo de Selene, emerge el perfil del lobezno sobre el cimero rocoso. El torso rígido como esfinge, el cogote erecto, y en el hocico, de entre los níveos colmillos sólo se le oye gemir —no tiene voz de lobo— como un triste perro.

Entonces, Llido corre, se pierde entre el frío y los olores verdes de ese entorno nemoroso donde sólo se percibe el cricrí de los grillos y por fin el silencio.

©alfonsopedraza

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