a.d. Freud

por plasticidades

Tiene la bella mujer una mirada fija. En el desnudo torso destacan sus pechos firmes, marmóreos y su cuerpo contoneado en un éxtasis visible. Una ligera manta no logra ocultar, en sus muslos, un firme entrecruzamiento de auto estímulo.

La hermosa imagen es un triunfo de la carne sobre la intolerancia. Sus finas manos ya no pueden recorrer, con ansia, esa protuberancia de entrepierna que lleva su mismo nombre. Por ese hecho fueron cercenadas de raíz en un mandato infame del soberano tribunal de Milo.

©alfonsopedraza

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