Los caprichos de Selene

por plasticidades

Jugaron toda la tarde de manera frenética. Parecían no percatarse que la luz del sol menguaba y otra, plateada, iluminaba perfectamente el campo.

Los observaba casi con morbo, pues era una locura lo que esperaban.

 —Las mareas ocurren— les decía —, y solo eso esta probado científicamente. Pero esto…

Al momento que Luna se mostró plena todo ocurrió como en cámara rápida: ante un balón flotado, los chicos se elevaron fascinados por el aire, persiguiéndolo. Otro, al ver lo ocurrido huyó en bicicleta levitando junto con ellos. Traté de gritarles pero me lo impidieron, un prurito en mi piel súbitamente hirsuta, y un deseo imperioso de aullar.

©alfonsopedraza

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