Explosión

por plasticidades

 

Después de otra noche con insomnio y el despertador hecho pedazos en el piso, el hombre durmió hasta muy tarde.

Cuando despertó: obvió el duchazo y la afeitada, vistió ropa deportiva, pateó al perro que adormilado obstruía su paso y salió al trabajo. Al llegar todos lo observaron con asombro bostezar mientras se rascaba los genitales con descaro antes de retirarse carcajeando.

Vagó toda la tarde. Platicó con unos chavos de la calle quienes le convidaron de sus humos petateros. Con ellos aprendió a atracar incautos mediante la llave china.

Al regresar a casa no soportó las recriminaciones de su esposa; a ella junto con sus niños los echó a empellones a la calle.

Quedó solo. Una nubecilla de remordimiento amenazó crecer, la disipó de inmediato con una blasfemia. En ese momento se sintió realmente bien y supo que esa sería la primera noche en mucho tiempo que dormiría como un bendito.

©alfonsopedraza

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