Mito imperfecto

por plasticidades

 Así que era verdad que existían los vampiros. Mis propios ojos lo confirmaban: La tez blanquecina, en el cráneo unas cuantos pelos sucios y adheridos al cuero, ojos inyectados de unas pequeñas venas azulosas y los colmillos prominentes y amenazadores.

Sin embargo había algo que discordaba. No toda la leyenda debía ser verdadera pues el espejo me reproducía perfectamente.

©alfonsopedraza

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