Reflexiones

por plasticidades

Listo para iniciar el día me acerco al espejo y ante la mirada de mi hijo empiezo a reflexionar en voz alta.

—Pararse frente a un espejo es como estar frente a Dios: pretendemos verlo y lo que nuestros ojos perciben es el mismo mundo que nos rodea; le mostramos la mejor cara que no es la misma que los demás observan e irremediablemente notamos toda nuestra grandeza y nuestra pequeñez.

El niño, con los ojos muy abiertos, exclama.

—Y todo eso ¿a quien le importa?

©alfonsopedraza

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