Del amor VI: Por las letras

por plasticidades

 
Esta madrugada neblinosa me recuerda una de mi infancia en que al ir al colegio, preparado para mi clase de gramática, busqué el mejor refrán que la maestra Carmelita (q.p.d.)dejara de tarea.

Al llegar al patio de la escuela, el bullicio de la chiquillería me llenó de energía y al entrar al aula, sin esperar, con letra infantil me acerqué al pizarrón y escribí:

HERRAR ES DE HUMANOS.

Al iniciar la clase, la maestra preguntó. -¿Quien escribió esta frase? Y sin esperar, con toda la seguridad que da el deber cumplido me levante del pupitre —yo maestra— respondí al instante. Ella, imperativamente señaló: ¡herrar, no es de humanos, es de equinos!, y en un alarde de didáctica, tomó unas enormes orejas de la misma especie y me las coronó para lucirlas ante toda la clase.

©alfonsopedraza

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