Del amor I: Incomprendido

por plasticidades

El sol había cavado su tumba entre las montañas.

Se incorporo y, aún somnoliento, exclamó -¡Maldición!. Otra vez la noche y no supe del día, de sus horas, sus olores.

Llorando salió rabioso a buscar al sol succionando la roja y cálida sangre de su víctima.

©alfonsopedraza

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