Dorian

por plasticidades

” Había dicho con toda el alma: —¡Que sea mi retrato el que envejezca y no yo!

Y, como todos sabemos así sucedió. A la pintura relegada a un cuarto oscuro y húmedo, pronto se le arrugó y enmoheció la tela. Él conservó la belleza pura en su rostro.

La felicidad no fue completa, aún sigue pagando muy caro los servicios del mejor cirujano plástico de Paris.

©alfonsopedraza

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