Autojusticia

por plasticidades

Hija de esclavos en el ancestral Punjab, apenas tuvo conciencia de sí, fue separada de su madre y vendida al circo; allí aprendió a golpe de látigo las torpes piruetas que la gente aplaudía y aseguraban su diaria ración de paja.

La elefanta homicida, encadenada a un enorme pilote en el centro de la plaza, sabía que su castigo sería morir de inanición desde el mismo instante en que esos recuerdos nublaron su docilidad y se hizo justicia por propia pata.

©alfonsopedraza

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