Conversión

por plasticidades

El noble caballero águila, gran señor y guerrero apreciado por su valor, murió de vejez. Camino al Mictlán, mansión de los muertos, ya ungido con el tízatl, portaba un trozo de jade en la boca. Un xoloitzcuintli pardo le acompañó durante cuatro años a través de ocho páramos y ocho colinas.

Antes de atravesar el Gran río para así acompañar al sol en su recorrido nocturno por el inframundo, se le acercó un anciano ataviado con una túnica blanca y un crucifijo al pecho.

—Demasiado has tardado, hijo —exclamó impidiéndole el paso, y señaló un nuevo camino que le condujo al más abyecto de los avernos.

©alfonsopedraza

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