Anfibolocura

por plasticidades

 

Los compañeros del barrio, intrigados, decían que era una mujer vestida de hombre porque se llamaba Cristal. Su mejor amiga insistía que era un hombre vestido de hombre aunque se moviera como hembra. El carnaval fue el momento oportuno para saberlo. Cristal, con disfraz de afrodita y yo de una bestezuela anónima que se permitía andar a su alderredor y entre sus piernas. Tres días y noches de jolgorio, bebida y pasión tras los cuales, mis amigas y amigos, intrigados, trataron de sonsacarme la verdad. Yo, reservada, me ponía a cantar. “Nada es verdad, nada es mentira, todo es por el cristal con que se mira…”

©alfonsopedraza

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