Ser musa, materia y tentación

por plasticidades


Te vi entre la muchedumbre. Caminaste hacia mí disfrazado de sátiro. No recuerdo bien a bien la indumentaria, sólo me atajó el bulto de tu entrepierna. Un piropo indecente fue tu saludo y, dado el momento, a media noche de ese baile de carnaval, me provocó un orgasmito como el que se siente cuando te besan el oído. Me agarraste las duras nalgas sin permiso pero sin oposición, lo que te dio fuerza para seguir adelante. Seguiste a mi espalda para tomar mis pechos desnudos, tatuados de manchas blancas, cuando un par de oficiales te jalaron con brusquedad. Te vi alejándote entre sus brazos, vencido, y sin percatarte de que a pesar de lo que digan, al influjo de la bacanal, las piedras a menudo logramos tener sensaciones.

©alfonsopedraza

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