Crepúsculo

por plasticidades


Tarde. Después de una larga jornada de surf tomo el suburbano. Al entrar, me sorprenden un denso aroma de mar y el piso cubierto de arena húmeda. Camino con cuidado para no resbalar. Un silencio cargado de sopor me hace levantar la vista. Todos los pasajeros están quietos, muy quietos, pálidos, rígidos, con una mancha rosada en sus torsos desnudos; diríase un intenso beso pintado. Al fondo, uno de ellos carga una enorme caracola en su pecho; el hombre gime, se agita y luego calla. La caracola parece sentir mi presencia y gira mostrándome su gran estoma rosado, acechante. Mi primer impulso es huir pero, al avanzar entre todos esos seres, observo la magia que despiden sus caras: placidez y éxtasis.

Casi sin darme cuenta, me detengo, ocupo un asiento vacío. Espero.

alfonsopedraza©

Anuncios