Juegos de justicia

por plasticidades

el-paredón

 

En el patio trasero de la hacienda en ruinas hay un cantón de piso llano y tierra firme, donde el niño sigue jugando, desde hace cien años, como lo hacía con su padre: en hilera contra el muro de adobe, numerosos soldaditos de plomo eran abatidos lanzándoles unos pequeños guijarros de la barranca.

En su soledad, muy triste y confuso, evade el recuerdo de que en ese mismo resquicio, su padre, el hacendado, recibió una ráfaga de plomo de una columna de revolucionarios.

Incapaz de llorar, hace chirriar unas enmohecidas cadenas que dejaron los labriegos liberados.

©alfonsopedraza

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