En paz

por plasticidades

en paz

 

Suele refugiarse en este chiribitil, ahí nadie le molesta. Aunque está un poco oscuro, se entretiene con los cucos que pululan en los resquicios. Cuando se aburre, sale a buscar a sus hermanos que ahora, mucho mayores que él, no le hacen caso. Se siente mejor en soledad, nada de “apúrate con la tarea” ni de “¿te lavaste bien detrás de las orejas?” Y sobre todo se libró de aquellos juegos con su tío, que tenía prohibido contar a nadie.

Todo ha sido felicidad desde la vez que fue y volvió del hospital por beber ese matarratas que, a fin de cuentas, no sabía tan feo.

©alfonsopedraza

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