Cándida esperanza

por plasticidades

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—Señorita, ¿puede decirme qué hora es?

—…

—Voy a los Juegos Florales ¿usted?

—…

—¿Me permitiría acompañarla?

—…

—Soy un atrevido. Perdonará usted; vivo al lado suyo y sé que se llama Esperanza y además… ¡es tan bonita!

—…

La joven, lo miró con el rabillo del ojo, aceleró el paso y se perdió entre el gentío.

El joven se quedó suspirando alegre, pensando que esa bella chica nunca dijo que no.

©alfonsopedraza

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