Demasiado tarde (de la serie Del Amor: Del amor XVII)

por plasticidades

—Viera qué buena me ha salido la Juanita, casi nunca se enferma y con nuestros cinco chamacos, tan sanos y brincones como ella.

Esto me decía Lencho en una noche de lampareada buscando tlacuaches y liebres en el monte cercano del pueblo.

Mire esa luna, me decía, me recuerda a la Juana cuando era joven. Blanca, redondita y pícara la mocosa, se tapaba la cara con el rebozo  a lo mesmo que hacen las nubes cuando le tapan la luminosidad a ratos.

Ni un ojo brillaba entre las matas, sólo los grillos en su monótono chirriar y algún ladrido lejano  nos hacía notar el profundo silencio que imperaba.

Siguió su confidencia.

—Una noche de luna como esta jue que había ido a buscarla a su casita, una de sus hermanas que sale y me comenta: Lencho, la Juanita si jue con el Tomás, quesque la iba a llevar  a la capital, que ya tenía, y  trabajo seguro.  A lueguito sentí que se la llevaba a la mala pues siempre le había tenido  ganas a la chamaca, y ésta, tan ligera como sus pies. Así, que me apresuré y fui por el caballo para alcanzarlos, no juera que llegara demasiado tarde.

Su cara enrojeció al encender un nuevo cigarrillo y un ligero temblor en su voz me impidió preguntar lo obvio.

—Los encontré tiempo después, no me preguntes cuándo ni cómo jue que la traje, compadre. El caso es que ya con el tiempo comprendí que para un corazón sencillo y enamorado como era el mío, sea la hora que juera, nunca iba a ser demasiado tarde.

Un agradecimiento a la revista Somos Mass99 que la publicó en texto y voz.

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